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Del chupín al pantalón ancho: tu ropa como archivo emocional de quién fuiste y quién sos.

No solo cambiamos de prendas: cambiamos de piel, de etapa, de mirada. Nuestra ropa guarda huellas de lo que vivimos, deseamos y dejamos atrás.


Hubo una época en la que no salía de mi casa sin unos jeans chupines bien ajustados, una musculosa blanca y mis zapatillas de colores. Me sentía poderosa. O, mejor dicho, creía que esa imagen me protegía. Era 2007, escuchaba Britney en el MP3, tenía el flequillo al costado y usaba rímel negro hasta para ir a comprar el pan. El look era muy de la época, sí, pero también hablaba de algo más profundo: la necesidad de verme “correcta”, de encajar, de mostrar que tenía todo bajo control.


Hoy, mis jeans se fueron soltando. Y yo también.


Mi ropa ya no aprieta, no incomoda, no exige. Me sigue representando, pero desde otro lugar: el del cuidado, el de la libertad, el de la elección.


Y si me pongo a pensar… mi guardarropa es casi un mapa de cómo fui cambiando por dentro.



La silueta como espejo y archivo emocional.


La moda no es solo estética. Es comunicación no verbal, memoria corporal y hasta narrativa interna. La silueta —esa forma que elegimos darle al cuerpo a través de la ropa— habla de nuestra relación con nosotras mismas.


Los jeans ajustados de los 2000 reflejaban una época que valoraba la delgadez, la hiperfeminidad y la imagen prolija como símbolo de éxito.


Hoy, los pantalones anchos marcan un giro hacia la comodidad, el movimiento, el deseo de respirar. Y muchas veces, hacia la desobediencia a esos mandatos de “verte bien” que nos enseñaron.


Pero lo interesante no es solo lo que se usa, sino quién lo usa, cuándo y por qué.




La moda que marcó una generación: el archivo emocional de las tribus urbanas.


Quienes crecimos en Argentina entre fines de los ‘90 y principios de los 2000 fuimos moldeadas, directa o indirectamente, por un universo de estéticas que hoy parecen un recuerdo borroso… o una galería de memes.


Pero en su momento eran mucho más que eso: eran maneras de decir quién eras, qué sentías y a dónde querías pertenecer, incluso cuando todavía no lo sabías del todo.


Algunas de esas modas nos abrazaron. Otras nos incomodaron profundamente. Pero todas, de alguna forma, nos dejaron una marca emocional.


Hubo un tiempo —no tan lejano— en que bastaba con una silueta o una prenda para saber de qué tribu venías.

Los floggers, con sus jeans ultra pitillo, flequillos rectos y una actitud entre emo y pop, se adueñaban de las plazas y los fotologs.

Las cumbieras llevaban short de jean con tiritas, musculosas ajustadas y las infaltables Topper con plataforma, bailando al ritmo de Los Wachiturros.

Las chicas del boliche lucían vestidos tubo con lentejuelas, breteles mínimos y clutch en mano, listas para la foto con flash quemado.

Y las darks o emos elegían el negro en capas, los delineados pesados y las pulseras de pinchos como una forma de resistencia estética.


Cada estilo era más que una moda: era una declaración. Una identidad puesta en escena. Una forma de pertenecer —o de rechazar pertenecer— a algo más grande que una misma.



¿Qué dice el cambio de siluetas sobre vos?


Pasar del ajustado al suelto, del escote al cuello alto, del brillo al lino… no es solo una cuestión de moda o tendencia pasajera. Es la piel que muestra una transformación interna, esa que a veces no se ve, pero que el cuerpo sabe contar.


Quizás cambiaste vos.

Ya no buscas gustar para otros, sino estar cómoda para vos misma. Ya no querés encajar en moldes ajenos, sino habitar tu propio espacio, con autenticidad y sin culpa.


Quizás empezaste a sanar.

Te diste cuenta de que no tenés que castigar ni pelear con tu cuerpo para sentirte bien. Que podés cubrirte sin esconder quién sos, y mostrarte sin exponerte más de lo que querés.


Quizás dejaste de pedir permiso.

Y empezaste a vestirte desde el deseo genuino, desde lo que te hace sentir viva y fuerte, no desde el miedo o la inseguridad.





Lo que dejaste atrás también tiene voz.


Hay prendas a las que nos aferramos, no solo porque todavía “están buenas”, sino porque representan capítulos que nos costó cerrar. Como esos jeans chupines que cargan años de exigencias, expectativas y ganas de encajar.


Y hay otras prendas que nos sorprende haber tolerado durante tanto tiempo: ropa incómoda, que usábamos para escondernos, para pasar desapercibidas, para no mostrar lo que sentíamos por dentro.


Pero detrás de cada prenda hay una historia profunda y muchas veces no contada.


Una historia de perfección impuesta, de mandatos que escuchamos y repetimos sin cuestionar.

Una historia de inseguridades que se reflejaban en el espejo, y que muchas veces ni siquiera sabíamos que cargábamos.

Una historia de transformación, de despertar a la aceptación, el amor propio y la libertad para vestirnos desde el deseo y no desde el miedo.


Vestirnos es un acto político y radicalmente íntimo. Es una autobiografía en constante escritura.

Y recién ahora muchas empiezan a comprender el poder que tiene reconocerse y resignificarse a través de la ropa.



Ejercicio práctico: tu línea de tiempo emocional con la ropa.


Te propongo un viaje al pasado, un recorrido íntimo que quizás nunca te diste el tiempo de hacer.


  1. Elegí tres prendas que marcaron momentos importantes en tu vida. No hace falta que sean las más lindas ni las más nuevas; pueden ser las que más recuerdos te traigan, esas que te hablan en silencio.

  2. Escribí qué sentías cuando las usabas: ¿eran refugio, armadura o celebración? ¿Qué buscabas transmitir al mundo o tal vez esconder? ¿Cuáles eran tus miedos, tus deseos, tus heridas en ese momento?

  3. Ahora, mirá esas mismas prendas desde el presente. ¿Qué cambió en vos? ¿Cómo cambió la historia que contás cuando te las ponés? ¿Qué lugar ocupa la ropa hoy en tu narrativa personal?


Este ejercicio no es solo sobre prendas; es sobre vos. Sobre quién sos, quién fuiste y quién estás empezando a ser.





¿Y si tu ropa te está hablando?


Tu estilo no es algo fijo ni impuesto. Es un organismo vivo, que se mueve contigo.

A veces se esconde detrás de miedos o inseguridades. Otras veces grita fuerte, orgulloso y auténtico.


Si prestás atención, podés escuchar esos susurros y gritos que tu ropa emite. En ese diálogo está la clave para descubrir más de vos misma, para reconocerte en cada etapa y para honrar tu proceso de transformación.


Porque al final del día, no es solo ropa.

Es tu historia.

Es tu identidad.

Es el mapa que te guía en tu camino.



Bibliografía / Fuentes citadas:

  • Gilles Lipovetsky, La era del vacío (1983). Concepto clave: la moda como reflejo de una época y biografía personal.

  • Roland Barthes, El sistema de la moda (1967). Fundamenta la idea de la ropa como lenguaje y signo social.

  • Joanne Entwistle, The Fashioned Body (2000). Base para entender la relación entre cuerpo, moda e identidad.

Imágenes:

  • Adam Katz Sinding.



 
 
 

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